ORACIÓN

En nuestra comunidad la oración la intensificamos con la devoción del rezo del Santo Rosario y los Cenáculos en privado, en familia y en las parroquias.

Y así poder llenar Nuestras Parroquias de pequeñas comunidades donde se continúe respaldando el crecimiento, conservación y pureza de la Fé.

Reunimos los grupos una vez por semana o por lo menos una vez al mes (en las casas o centros parroquiales) en la oración, el estudio, evaluación y análisis del servicio prestado.

La máxima oración es la Eucaristía, donde le entregamos al Señor por medio del sacerdote, el santo rosario, los cenáculos, donde se ofrece toda oración pública.

 CCE #2559

“La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (sal 130,14) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado.  La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8,26)

La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios.

CCE# 2565.

La oración en la nueva alianza, es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo.  La gracia del Reino es la “unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero”.  Así la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con El.  Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo.  La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son del amor de Cristo.

CCE# 2568

La revelación de la oración en el Antiguo Testamento se encuadra entre la caída y la elevación del hombre, entre la llamada dolorosa de Dios a sus primeros hijos: “¿Dónde estás?….¿Porque lo has hecho?” (Gn3, 9.13) y la respuesta del Hijo único al entrar en el mundo:  “He aquí que vengo…a hacer, oh Dios, tu voluntad” (Hb 10, 5-7).  De este modo, la oración está unida a la historia de los hombres; es la relación a Dios en los acontecimientos de la historia humana.

CCE #2742-

“Orad continuamente” (1 Ts 5,17), “dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo” (Ef 5,20) “siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos” (Ef 6, 18).  “No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero si tenemos una ley que nos manda orar sin cesar”.  Este ardor incansable no puede venir más que del amor.

Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante.  Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:

  • Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado que está “con nosotros, todos los días (Mt 28,20),cualesquiera que sean las tempestades.  Nuestro tiempo está en las manos de Dios.
  • Orar es una necesidad vital: Si no nos dejamos llevar  por el Espíritu caemos en la esclavitud del pecado.
  • Oración y vida cristiana son inseparables: porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor. La misma unión transformante en el Espíritu Santo que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo amor a todos los hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha amado. “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo concederá.  Lo que os mando es que os améis los unos a los otros”. (Jn 15,16-17).